viernes, 19 de octubre de 2012

Quiero pensar...


... que soy el mismo de siempre.

Ese hombre que confiaba que toda noche de soledad concluía con un amanecer. No sé donde habré abandonado la esperanza de que cada día vuelve a amanecer, y que ninguna tristeza es infinita.

Leyendo entradas antiguas me pregunto: ¿qué habrá sido de ese joven soñador? Aquel que confiaba en que todos tenemos el poder de cambiar a las personas, a mejor, por supuesto.

A medida que han pasado los meses, he empezado a perder la fe en la humanidad, en la bondad del ser humano. ¿Será mi merecido por no haber seguido las teorías de Hobbes? Quizá él no estaba tan equivocado como pensaba.

Tal vez la crisis económica en la que nos vemos sumergidos, y la incertidumbre acerca de mi futuro (muy negro, por cierto) sean los desencadenantes de este tipo de cambios. Actualmente me cuestiono ¿cómo revertir estos cambios?, porque realmente no me siento feliz con ellos.

domingo, 7 de octubre de 2012

Me quedé...



... atrapado para siempre, entre las mismas cuatro paredes, que hice un día para protegerme, de todo el daño que podían hacerme."

Tras duros golpes que recibimos por personas a las que teníamos, o incluso seguimos teniendo, un notable afecto, puede surgir la necesidad de desarrollar una armadura para evitar futuros daños por parte de desconocidos.

Siempre he pensado que es una idea horrible, a pesar de que la historia siempre se vuelve a repetir. Es por ello, que podría ser tachado en muchas ocasiones de ser una persona fría. Tal vez no esa descripción no se aleje mucho de la realidad, puesto que define perfectamente el mecanismo de defensa que poco a poco, se ha convertido en otra faceta de mi personalidad.

Bajo la soledad del domingo, me pregunto si de verdad merece la pena tirar esa armadura, y si la compañía que hay a mi lado es la adecuada... ¿Cómo decidirme hasta que sea demasiado tarde? Mi cabeza está llena desconocimientos, pero me temo que las relaciones y las habilidades sociales no son mi fuerte...